¿Tiene la sospecha de que su bodega está llena de botellas “atrasadas” y teme que ya no sean bebibles?
· ¿Teme enfrentarse con una bodega en la que hay un poco de todo, inclusive ciertas reliquias de ésas que casi da miedo abrir?
· Para ayudar al aficionado, hemos reunido a un grupo de expertos para catar vinos de entre 30 y 15 años, conservados en unas condiciones medias y nos hemos llevado algunas sorpresas agradables.
De todos es sabido la importancia de una buena conservación en
el vino; esto es, mantenerlo a una temperatura constante de 16
grados y una humedad del 90%. Pero también hay que reconocer
la dura realidad: muy pocos aficionados cuentan con estas
condiciones ideales. Las botellas que hemos catado podrían
haber dormido en cualquier bodega doméstica, ya que han sido
sometidas a todo tipo de cambios. En concreto, han estado
expuestas a temperaturas de hasta 22 y 23 grados en los meses
de verano, nueve grados en invierno y una humedad en torno al
60%, además de haber sufrido dos mudanzas.
Los catadores han sido Jesús Flores, director de la revista Vivir el vino; Fernando Gurucharri, presidente de la UEC (Unión Española de Catadores); José Peñín, director de GP Magazine; Custodio Zamarra, sumiller del restaurante madrileño Zalacaín; y Amaya Cervera, redactora-jefe de GP Magazine.
El objetivo de la cata ha sido ver la evolución de un espectro amplio de etiquetas, muchas de las cuales fueron elaboradas pensando en un consumo relativamente inmediato. ¿Y qué nos hemos encontrado? Las conclusiones no han podido ser más sorprendentes:
· El vino no empeora
necesariamente.
Sorprendentemente, en la mayoría de los casos la botella no
había perjudicado al vino y, salvo casos concretos el vino no
había empeorado demasiado con respecto a cómo era
originalmente. Esto es, los vinos que en su día eran de una
calidad media, seguían 15 o 20 años después reflejando esta
misma circunstancia, sólo que con las notas características de
la vejez, pero sin que el tiempo hubiera pesado de forma
especial sobre ellos y sin que aparecieran especialmente
caídos. De igual manera, los vinos que se revelaron mejores en
la cata, fueron los que ya eran buenos en su momento. Casi
todos ellos lógicamente, privados de la fruta y de cualquier
sensación juvenil.
· Conservan un buen color y
una nariz armónica.
En la mayoría de los casos y, en especial en los riojanos, el
color era impecable para la edad de los vinos catados y la
nariz ofrecía las notas reductoras clásicas de la zona: mueble
viejo, café, tabaco, cueros, toques animales en algunos casos
y, a veces, una ligera nota a fresa. También en general la
nariz se revelaba más armónica y compleja que una boca a veces
descarnada por una acidez que despuntaba excesivamente por la
pérdida de atributos frutales; hecho que también ponían en
evidencia los taninos secantes de la madera.
· La madera no garantiza una
buena vejez.
No deja de ser curioso en relación a la crianza en madera, que
el mayor aporte del roble no se revelara como un pasaporte
indispensable para una mejor vejez. Algunos vinos con un paso
relativamente breve por madera se mantenían igual de bien que
otros que se habían envejecido durante el tiempo –más
prolongado– considerado necesario para asegurar una buena
vejez. En este sentido, quizás habría que replantearse los
tiempos de crianza si, como parece, la diferencia cualitativa
de una mejor evolución en botella no estaba tanto en el mayor
o menor aporte de la madera, sino en una materia prima
originaria más concentrada y consistente.
LOS VINOS DE LA CATA
88. CONTINO RESERVA 1982
TINTO (RIOJA).
El año que Contino cambió de botella borgoñona a bordelesa. Es
el más cubierto de los catados, como representante de una
nueva filosofía en la forma de elaborar. Aroma a fruta compotada (ciruela, orejón), especias, toffee; notas animales
en segundo plano; elegante y fino. Boca sabroso, con
esqueleto, buena reducción, fruta aún en boca, recuerdo bordelés de château; acidez alegre. Se ve una mayor estructura
que en los demás. Largo, elegante, con postgusto y una vejez
sabia. Para beber y disfrutar de él ya.
86. MARQUÉS DE MURRIETA
ETIQUETA BLANCA CRIANZA 1982 (RIOJA).
Un rioja de libro en cuanto a estilo y personalidad. Rubí
teja. Con menos estructura y cuerpo que el anterior, a algunos
catadores les pareció más elegante y hubo diversidad de
opiniones entre si consideraban favorito a éste o a Contino.
Con la madera tradicional que identifica a un rioja clásico;
aún más: a un clásico vino de Murrieta que mantiene además
mucha viveza y frescura gracias a una acidez que le podría dar
todavía muchos años.
85. CHÂTEAU LAMARTRE 1985
SAINT ÉMILION GRAND CRU (BURDEOS)
Rubí teja. Muy bordelés en nariz aunque no muy intenso, con
carácter varietal y ligeras notas de pimentón. Boca sabroso,
dulce fruta madura, redondo, con tanino presente que puede
hacer pensar en una buena evolución posterior.
85. MEDALLA REAL 120 CHARDONNAY 1986 BLANCO, SANTA RITA (MAIPO, CHILE).
Oro viejo matiz anaranjado. Le ha venido bien la botella.
Notas ahumadas, heno seco, nariz vieja pero bastante fina, con
cierta complejidad, mantiene sus atributos varietales. Boca
vivo, carnoso, excelente acidez, con un punto graso y carnoso,
y un final de reducción que denota algo más la vejez. A ciegas
nadie diría que es un chardonnay chileno de esta edad, ya que
se siente como un vino vivo y armonioso.
78. CAMPILLO CRIANZA 1981
TINTO (RIOJA).
Rubí teja; buen color. Una de las primeras cosechas de
Campillo elaboradas en la casa madre Faustino. Nariz con una
evolución lógica y sensata en nariz (animal, cuero, fruta
desecada, maderas especiadas). Boca sabroso, redondo, Un vino
que ha llegado al final de su vida siendo perfectamente
bebible. Es armonioso, equilibrado, con la acidez integrada y
un final tostado a madera.
76. MARÉCHAL FOCH 1982
TINTO, INNISKILLIN (NIÁGARA, CANADÁ).
Buena evolución de color hacia tonos teja y manteniendo
bastante bien la capa. Aromas curiosos y muy evidentes a café,
toques especiados sobre un fondo de notas animales y cuero;
muy correcto. Boca con mayor evidencia de vejez, notas
amargosas, delgado, acidez marcada y rasgos vegetales. Sin
embargo, no era un vino mucho mejor en su época y muchas de
las características de entonces se mantienen en el tiempo y no
son achacables a la evolución en botella. No hay nada de
oxidación, debido quizás a su procedencia de una zona fría; de
hecho, la acidez ha mantenido vivo a un vino que nunca ha sido
para lanzar cohetes.
75. RAIMAT CLOS ABADÍA 1978
TINTO (VINO DE MESA, hoy COSTERS DEL SEGRE).
Rubí atejado. Aroma con bastante reducción, toffe, mantiene el
carácter de cabernet que se refleja también en retronasal;
marcado fondo animal, ceras, mieles. Algo delgado en boca,
vuelve a aparecer el caramelo, con cierta nota vegetal
probablemente por las técnicas que se utilizaban entonces
(riego por aspersión en el viñedo), aunque muchos de estos
rasgos seguramente aparecían ya en origen. La evolución ha
sido bastante buena. Recuerda a un cru bourgeois viejo.
72. VIÑA ALBALI 1973 GRAN
RESERVA TINTO (VALDEPEÑAS).
(Probablemente no fuera un 73 como reza la etiqueta sino un cupaje de varias añadas). Atejado, con el color propio de la
edad, pero muy correcto. Imita el estilo riojano de crianza y
ya en su momento tenía mucha presencia de madera; algo que
ahora se sigue percibiendo. Nariz con aromas a cueros,
animales (mucha reducción en botella) y acetaldehídos, algo
especiado; no muy potente, pero con la grata complejidad de un
vino viejo. Boca marcada por la sequedad de la madera clásica
de la época y una acidez bastante acusada. Un vino bastante
evolucionado y falto de armonía, pero no roto del todo que se
ha mantenido gracias a la estructura de la madera. Nuevamente
mejor en nariz que en boca.
65. CASTILLO DE ALMANSA
RESERVA 1981 TINTO (ALMANSA).
Para la mayoría de los catadores, las notas a suciedad
(establo) que aparecían en nariz no eran originarias del vino,
sino que se debían a una evolución negativa en botella. Un
vino que ha perdido con el tiempo, desencajado y
desequilibrado en boca; con taninos agresivos y secantes, y la
acidez sin integrar. La negativa evolución quizás se deba a la
presencia de un cierto porcentaje de monastrell no preparada
para envejecer.
65. LAR DE LARES GRAN
RESERVA 1984 TINTO (VINO DE LA TIERRA).
Muy abierto de color, notas atejadas. Aroma con notas muy
marcadas de vino viejo, sensación de humedad y madera secante.
En boca no aguanta y se manifiesta muy acusadamente la
sequedad de la madera. Otro vino que no ha aguantado la vejez.
65. PATERNINA BANDA AZUL
TERCER AÑO 1980 TINTO (RIOJA).
Rubí teja. Otro caso de una etiqueta que no era gran cosa en
su momento, más bien un referente de rioja a buen precio y uno
de los primeros vinos rumasinos “industriales”. Nariz a rioja
viejo de esa época, con muchos cueros, animales, especias,
ciruelas desecadas, muy correcta. Boca descarnado, acidez
agresiva y falto de estructura. El tiempo no lo ha mejorado
pero tampoco lo ha estropeado. Falla la boca por la filosofía
del crianza de alto consumo que se empezaba a dar entonces en
Rioja.
SALVADOR POVEDA TINTO DOBLE
CAPA 1975 (ALICANTE).
Avinagrado, acetatos, suciedad; realmente no bebible.





